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Tengo tu nombre
grabado a fuego en el corazón
y hierve mi sangre embravecida en su bombeo
como arde hechicero
el silencio incitador de esta noche.
Te presiento origen de existencia
y colma todo tu presencia
vivificándolo, cautivándome,
enardeciendo el aire.
Por eso, cuando siento la rosca de tu ausencia
taladrándome,
no comprendo
si alucino ahora
o si mi mente irrisoria
asediada entre edificios,
entre motores, luminosos…
no te alcanza en lo bello,
en lo natural.
Muchas veces maldije tu sorda tiranía
porque yo no quería vivir
y menos ser hombre
si acaso piedra, pero lejos, muy lejos,
bajo el mar,
en el fondo sepultado de la calma.
Así es que me venzo en tu agua turbia,
en la duda aciaga
de tu muerte sucia
y me ahogo, pierdo el aire
entre palabras,
entre estas palabras que son siempre
mi denuncia a ti,
que son
oraciones sin respuesta
como aquellas que olvidé,
mas puras y llenas
del alma nuestra.
Pero nunca llego a nada
y aunque a veces te intuya
porque ando y siento
y por el verde inmarcesible de la hierba,
me pregunto si es tan sólo este sufrir
lo que nos queda,
si este poema es tan sólo
otro engaño compasivo
que acalle la miseria
de nuestra alma irredenta.
Y me resta sólo sangre para odiarte.
No me confundas más
en la nocturnidad insondable
de este vacío.
Seguiré repudiándote por los siglos de los siglos.
Ritxi Póo
Ritxi Póo
(Mi agradecimiento a Ritxi Póo por dejarme utilizar este poema para su grabación)

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